Vivimos
en un momento de crisis mundial, una crisis que va más allá de la economía y
las finanzas, una crisis que nos convierte en seres irracionales, algo que nos
inhibe como personas capaces de tomar decisiones. En definitiva, un mundo
deshumanizado en el que la principal crisis es la de la identidad y de valores.
Paralelamente al desarrollo
sociocultural de los seres humanos, se han ido reconociendo distintas
"oleadas" de derechos, individuales, colectivos y globales.
Derechos que nuestros antecesores han conseguido a base de
esfuerzo, que en la situación actual por culpa de la crisis, los derechos
fundamentales han ido mermando, tanto laborales como sociales. Dejando a las
personas en último lugar y dando más importancia a la economía.